Me habló Juan Carlos, 55 años, a quien conozco desde hace años y me pregunta: “Llevo casi seis meses desempleado por despido. Desde entonces he estado postulando una y otra vez a un puesto en el área comercial. En mis anteriores empresas he adquirido experiencia en compras, logística, tramitación de pedidos y control. Por eso soy flexible. Sin embargo, después de más de 50 postulaciones, solamente me han invitado tres veces a una entrevista. ¿Cómo es posible que no encuentre un nuevo empleo, a pesar de que en todos lados se habla constantemente de la escasez de trabajadores cualificados? ¿Será solo por mi edad?”.
En mi opinión, la que también manifesté a Juan Carlos, es que probablemente no se trate únicamente de su edad. Una razón importante de la paradójica situación puede ser la falta de ajuste.
Efectivamente, en varios sectores las vacantes no se cubren con la suficiente rapidez. Algunas empresas incluso ya están teniendo que rechazar pedidos porque no encuentran el personal adecuado. La evolución opuesta ha recibido menos atención pública: la digitalización ha hecho superfluas las actividades administrativas y dispositivas. Los pedidos, las transacciones de pago y la simple información se realizan ahora en línea por todo el mundo como algo natural (véase Amazon, eBay, Mercado Libre y muchos más). Los chatbots y las aplicaciones de autoservicio están sustituyendo puestos de trabajo; se están disolviendo departamentos enteros. Según diversos estudios, esta evolución continuará en los próximos años. El trabajo general de oficina, el secretariado, las actividades de venta al por mayor y al por menor, pero también las profesiones técnicas, p. ej. en las industrias metalmecánicas, se ven cada vez más afectadas.
En la medida en que Juan Carlos haya trabajado durante mucho tiempo con un determinado método o tecnología que ahora se consideran anticuados y ya no tiene demanda, se enfrenta a un problema. La disyuntiva es qué evolución aplica a Juan Carlos y qué puede hacer al respecto.
Como primer paso, hay que tener claro lo que realmente se quiere, antes de postular a diestra y siniestra. A muchas personas de más edad, en particular, les cuesta desvincularse de su forma de trabajo de toda la vida e identificar alternativas significativas. Las preguntas clave son: “¿Qué me interesa?” Y: “¿Qué puedo hacer realmente bien?”. Es más, que puedo realizar mejor que otros para resolverle al empleador problemas importantes y/o lo ser una contribución relevante para alcanzar ciertos objetivos.
Casi siempre se exigen conocimientos muy especializados a los profesionales y directivos cualificados. Al fin y al cabo, se espera de ellos que se ocupen de tareas especialmente exigentes para las que los aspirantes más jóvenes carecen de la experiencia específica. Esto pone límites estrechos al cambio del propio campo de actividad.
Cuanto más alta sea la aspiración de Juan Carlos en la jerarquía de la empresa, menos tiempo se le concederá para aprender el oficio cuando cambie de empresa. Para la empresa contratante, es mucho lo que está en juego a la hora de cubrir puestos de especialistas y directivos expuestos. Los responsables no pueden permitirse cometer un error. Por eso apuestan por la opción (aparentemente) segura y contratan a un “insider” en lugar de alguien que provenga de otro sector. Puede cuestionarse si esto tiene sentido a largo plazo, porque entrarían nuevos impulsos en la empresa a través de candidatos de otros campos. Sin embargo, como candidato, Juan Carlos debería ser consciente de este fenómeno y posicionarse en consecuencia.
Después de hacer el trabajo previo en determinar más precisamente las propias fortalezas, identificar los cuellos de botella mal resueltos en algunos sectores, entre otros (ver imagen con el punteo), debe contar una historia que atrape. No basta con presentarse como un generalista con todos los conocimientos y experiencia, dejando la selección en manos del lector. Casi ningún reclutador se toma el tiempo de leer toda la postulación durante el proceso de preselección. Los responsables de la contratación deben ver inmediatamente por qué merece la pena mantener llevar a cabo una entrevista con Juan Carlos.
Por eso, antes de cada postulación, es imprescindible ponerse en la situación de los destinatarios: ¿A qué retos se enfrenta la empresa? A continuación, es clave que Juan Carlos pueda explicar de manera corta y concreta por qué es capaz de resolver las tareas que se le plantean. Es importante a que él llegue a esa decisión previamente: ¿es más relevante para esa empresa su experiencia en compras o sus conocimientos en tramitación de pedidos. Solo en contadas ocasiones todas las experiencias serán igual de relevantes en la nueva empresa.
Juan Carlos debiera centrarse en los puntos significativos. En otras palabras, tiene que ir al meollo de sus competencias y demostrar vívidamente cómo ha conseguido que proyectos similares fueron un éxito y cómo, por ejemplo, su experiencia en el extranjero, sus conocimientos de idiomas o sus contactos en el sector podrían ser valiosos para sus destinatarios. Solo aquellos que ofrezcan un valor añadido concreto prevalecerán sobre los competidores más jóvenes al final del proceso de selección.